«Está mayor.» Es la frase que más artrosis ha dejado sin tratar. Y es comprensible: un perro con artrosis no suele llegar cojeando de una pata, llega haciendo un poco menos de todo. Duerme más. Ya no salta al sofá. Se queda atrás en el paseo. Gruñe cuando lo coges en brazos, y como eso no encaja con «le duele», se archiva como carácter o como edad.
Entre el 20 y el 40 % de los perros van a sufrir dolor por artrosis en algún momento de su vida. No es una enfermedad de unos pocos: es una de las más frecuentes que existen, y también una de las que más tarde se detectan.
Este artículo va de aprender a verla. Porque cuanto antes se ve, más se puede hacer.
Por qué se detecta tan tarde
Hay dos motivos, y los dos juegan en contra.
El primero es el perro. Un perro con dolor articular crónico no se queja: compensa. Cambia el reparto de peso, acorta la zancada, deja de hacer lo que le duele. Como el proceso es lento —meses, años—, no hay un antes y un después que te haga sospechar. Cuando aparece una cojera clara, la articulación lleva mucho tiempo deteriorándose.
El segundo somos nosotros. Convivimos con el perro todos los días, y los cambios graduales son justo los que no vemos. Es habitual que la primera persona en notarlo sea alguien que hace meses que no lo ve.
Los signos que se confunden con la vejez
Esta es la tabla que conviene leer despacio, porque la columna del medio es la que hace que la gente no consulte:
| Lo que ves | Lo que se suele pensar | Lo que puede ser |
|---|---|---|
| Ya no sube al sofá o a la cama, o lo piensa antes de saltar | «Se está haciendo mayor» | Dolor al cargar el peso en el impulso |
| Duda en las escaleras, sobre todo al bajar | «Se ha vuelto miedoso» | Dolor en codos o en hombros |
| Le cuesta levantarse, y luego «se suelta» al andar un rato | «Está tieso por la mañana» | Rigidez articular, muy típica de artrosis |
| Resbala en el suelo liso y evita esas zonas | «Es torpe» | Menos fuerza y menos confianza en las patas |
| Se lame insistentemente una articulación | «Manía» o alergia | Dolor localizado. Es un signo muy fiable |
| Duerme mucho más y juega menos | «Ya no es un cachorro» | Evitación del movimiento que duele |
| Gruñe o se aparta al cogerlo o al tocarle la grupa | «Se ha vuelto raro» | Dolor. Casi nunca es carácter |
| Se queda atrás en el paseo o quiere volver antes | «Está más tranquilo» | Fatiga por dolor |
| Cambia de postura muchas veces al tumbarse | Nada, ni se nota | No encuentra una posición cómoda |
Ninguno de estos signos por separado demuestra nada. Tres o cuatro juntos, en un perro de más de siete años, sí.
La prueba que puedes hacer en casa
No es un diagnóstico, es material para la consulta —y del bueno, porque tu veterinario no puede ver a tu perro en su vida normal.
- Graba un vídeo de tu perro levantándose después de una siesta larga, y otro andando de frente y de lado por un pasillo. La rigidez de los primeros pasos es difícil de describir y muy fácil de ver.
- Anota cuatro cosas concretas que hacía hace un año y ya no hace. Con esa lista se trabaja mucho mejor que con «lo veo apagado».
- Cuenta cuánto dura el paseo antes de que quiera volver, y compáralo con el de hace unos meses.
- Pesa a tu perro y apúntalo.
Y algo que mucha gente no sabe: existen cuestionarios validados para que el tutor puntúe el dolor crónico y la movilidad de su perro. Tu veterinario puede pasarte uno, y sirven para lo que más cuesta en esta enfermedad: saber si el tratamiento está funcionando, comparando puntuaciones en el tiempo en vez de impresiones.
Qué hará el veterinario
Una exploración ortopédica completa: movilizar cada articulación, buscar dolor, crepitación, engrosamiento y pérdida de recorrido, y ver cómo se mueve el perro. Suele acompañarse de radiografías.
Aquí hay un matiz que evita muchas frustraciones: la radiografía y el dolor no van de la mano. Hay perros con articulaciones de aspecto horrible que hacen vida casi normal, y perros con cambios discretos que lo pasan mal. La placa dice cuánto daño estructural hay; no dice cuánto duele. Lo segundo se valora explorando al perro y escuchándote a ti.
Qué se puede hacer, por orden de impacto
1. El peso. Antes que cualquier otra cosa
Si tu perro tiene sobrepeso, esto es lo primero, y no es un consejo genérico: está medido. En un estudio con perros obesos y artrósicos, una pérdida del 6,1 % del peso corporal bastó para mejorar la cojera de forma significativa, medida con plataforma de fuerza y sin añadir ningún otro tratamiento.

Un 6 % en un perro de 20 kilos son 1,2 kilos. Es alcanzable, es gratis y funciona. Ningún fármaco tiene esa relación entre esfuerzo y resultado.
2. El movimiento correcto
La articulación artrósica necesita moverse: el reposo absoluto atrofia el músculo que la sostiene y empeora el cuadro. Pero necesita el movimiento adecuado:
- Paseos cortos y frecuentes en lugar de uno largo. Tres de veinte minutos rinden más que uno de una hora.
- Suelo regular: tierra, hierba, arena. Evita el asfalto duro y las cuestas pronunciadas.
- Nada de pelota ni frisbee. Los frenazos, giros y saltos son justo el gesto que más castiga la articulación.
- Constancia: la misma cantidad todos los días. El perro que no sale entre semana y hace tres horas de monte el domingo paga el lunes.
3. La casa
Barato y de efecto inmediato:
- Alfombras o pasillos antideslizantes en las rutas que usa a diario. Resbalar duele y da miedo, y el miedo reduce todavía más el movimiento.
- Una rampa o un escalón para el sofá y el coche.
- Cama de espuma firme, no un cojín blando que se hunde: levantarse de ahí cuesta más.
- Comederos elevados si le cuesta bajar la cabeza.
- Uñas cortas. Una uña larga cambia el apoyo del pie y empeora todo lo demás.
4. Las familias de fármacos
Sin marcas ni dosis, que las decide el veterinario que ve al perro:
- Antiinflamatorios no esteroideos veterinarios. Siguen siendo la base del control del dolor. Requieren analítica previa y controles, sobre todo en perros mayores. Nunca los de uso humano: el ibuprofeno y el paracetamol son tóxicos para el perro.
- Anticuerpos monoclonales frente al factor de crecimiento nervioso (NGF). Es lo más nuevo del campo: una inyección mensual que bloquea una de las señales que transmiten el dolor articular. Una sola dosis mejora la comodidad y la movilidad durante al menos ocho semanas, y son una opción especialmente útil en perros que no toleran bien los antiinflamatorios.
- Analgésicos coadyuvantes, que se añaden cuando el dolor lleva mucho tiempo instalado y ya no responde solo a antiinflamatorios.
- Ácidos grasos omega-3 a dosis terapéuticas, normalmente a través de una dieta específica. Tienen respaldo razonable como apoyo, no como tratamiento único.
- Condroprotectores. Muy usados y de evidencia desigual. No hacen daño, pero no sustituyen a nada de lo anterior; conviene saberlo antes de gastar en ellos durante años.
5. Fisioterapia y rehabilitación
Infrautilizada y muy útil, sobre todo para recuperar la masa muscular que el perro ha ido perdiendo por no moverse. Hidroterapia, ejercicios de propiocepción, masaje, y trabajo pautado en casa. Si en tu zona hay un centro con rehabilitación veterinaria, merece la pena preguntar.
La artrosis se gestiona en casa mucho más que en la consulta. En La Guía del Perro con Artrosis tienes el plan completo: la escala para puntuar su dolor mes a mes, la adaptación de la casa y las rutinas de ejercicio según cómo esté.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si a mi perro le duele o solo está mayor?
«Estar mayor» no hace que un perro deje de subir al sofá ni que gruña al tocarlo. Si evita movimientos concretos, tarda en arrancar tras el descanso, se lame una articulación o ha reducido su actividad en los últimos meses, lo más probable es que le duela algo.
¿Es reversible?
El cartílago dañado no se regenera, así que la artrosis no se cura. Lo que sí se puede es frenar su avance y controlar el dolor, y ahí el margen de mejora suele ser mucho mayor de lo que la gente espera, sobre todo si hay peso que perder.
¿Le puedo dar un antiinflamatorio de los míos?
No. El ibuprofeno y el paracetamol son tóxicos para el perro a dosis que parecen pequeñas, y pueden provocar úlceras digestivas o fallo renal. Los antiinflamatorios veterinarios existen precisamente porque el metabolismo del perro es distinto.
¿Le hago daño si lo saco a pasear?
Al contrario: el reposo empeora la artrosis. Lo que hay que cambiar es el tipo de ejercicio, no la cantidad total. Paseos cortos, frecuentes, en terreno regular y sin saltos ni frenazos.
¿A qué edad empieza?
Antes de lo que se piensa. En perros con displasia de cadera o de codo, o en razas grandes de crecimiento rápido, los cambios pueden empezar siendo el perro muy joven. La artrosis no es solo cosa de perros ancianos.
Cuándo ir al veterinario
Ve pronto si tu perro no apoya una pata, si el cambio ha sido brusco o si una articulación está caliente, hinchada o muy dolorosa: eso no es artrosis sin más.
Pide cita sin prisa pero sin dejarlo si reconoces tres o más signos de la tabla, si ha dejado de hacer cosas que hacía hace un año, o si simplemente tiene más de siete años y nunca le han explorado las articulaciones.
Y si tu perro tiene sobrepeso, esa consulta vale doble: es el único tratamiento de esta lista que empieza a funcionar el mismo día que decides ponerte.
Fuentes: revisiones sobre manejo de la osteoartritis canina y prevalencia del dolor artrósico; estudio sobre el efecto de la pérdida de peso en la cojera de perros obesos con artrosis; y documentación clínica sobre anticuerpos monoclonales frente al NGF en el perro.

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