Tu perro está en el suelo. Se sacude, tiene los músculos rígidos, no responde a tu voz. No sabes si va a morir. No sabes qué hacer. Esos segundos —que se convierten en minutos— son los más angustiosos que puede vivir un dueño de perro.
La epilepsia en perros afecta entre el 1 y el 2% de la población canina. Es la enfermedad neurológica más frecuente en perros, y la mayoría de los dueños no saben que su perro la tiene hasta que ocurre el primer ataque. Lo que hagas —y lo que no hagas— en esos momentos puede marcar la diferencia.
Qué es la epilepsia en perros
La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica caracterizada por crisis convulsivas recurrentes causadas por una actividad eléctrica anormal en el cerebro. Se clasifica en dos grandes tipos:
Epilepsia idiopática (también llamada primaria): no tiene causa identificable mediante pruebas diagnósticas. Es la forma más frecuente y tiene un componente genético importante. Suele aparecer entre los 1 y los 5 años de edad.
Epilepsia estructural (o secundaria): causada por una lesión o enfermedad cerebral identificable —tumor, inflamación, malformación, traumatismo—. También puede deberse a causas metabólicas: hipoglucemia, insuficiencia hepática, intoxicaciones.
Razas con mayor predisposición genética: Border Collie, Pastor Alemán, Labrador Retriever, Golden Retriever, Beagle, Dálmata y Boxer, entre otras. Aunque cualquier perro puede desarrollarla.
Cómo reconocer una crisis epiléptica
Una crisis epiléptica tiene tres fases que conviene conocer:
Fase prodrómico o aura (minutos antes)
El perro puede mostrarse inquieto, buscar atención, babear, mirar fijamente a un punto o esconderse. Algunos dueños aprenden a reconocer esta fase con el tiempo, lo que les da unos minutos para prepararse.
Fase ictal (la crisis en sí)
Caída repentina, rigidez muscular, movimientos de “pedaleo” con las patas, temblores, chasquido de mandíbula, salivación abundante o espuma, vocalización, pérdida de conciencia, pérdida involuntaria de orina o heces. Puede durar entre 30 segundos y 5 minutos. Si supera los 5 minutos (status epilepticus), es una urgencia veterinaria inmediata.
Fase postictal (después de la crisis)
Esta fase es la que más desconcierta a los dueños porque puede durar horas. El perro puede estar desorientado, con ceguera transitoria, muy sediento o hambriento, apático o agitado. Es normal. Es el cerebro recuperándose del “cortocircuito”. No es señal de que algo haya ido mal durante la crisis. Si el perro es senior y los episodios de desorientación se repiten fuera de las crisis, puede ser útil descartar también un síndrome de disfunción cognitiva.
Qué hacer durante una crisis epiléptica: protocolo paso a paso
Estos son los pasos que debes seguir. Cuanto más los hayas leído antes de que ocurra, mejor los ejecutarás cuando ocurra.
- Cronometra desde el primer segundo. Coge el móvil y empieza el cronómetro. El tiempo es el dato más importante que le vas a dar al veterinario.
- Apaga luces y reduce el ruido. Cuantos menos estímulos sensoriales, mejor. Apaga la tele, baja las persianas, habla en voz baja.
- Aleja objetos peligrosos. Mesas con esquinas, escaleras, piscinas, cualquier obstáculo con el que pueda golpearse durante los movimientos involuntarios.
- No le toques la boca. Este es el error más común. Los perros no se tragan la lengua durante una convulsión —es un mito— pero sí pueden morderte sin querer por los espasmos musculares. Mantén las manos alejadas de la boca.
- No lo inmovilices. No sirve de nada e interfiere con la dinámica natural de la crisis. Puedes poner una manta debajo para amortiguar los golpes contra el suelo, pero no lo sujetes.
- Habla con voz suave y calmada. Aunque parezca que no te oye, tu voz puede ayudar en la fase postictal. Además, te ayuda a ti a no entrar en pánico.
- Graba en vídeo si puedes. Treinta segundos de vídeo valen más que cualquier descripción verbal para el veterinario.
Cuándo llamar de urgencia
Ve al veterinario de urgencias sin esperar si:
- La crisis dura más de 5 minutos.
- Hay más de dos crisis en 24 horas (crisis en racimo).
- Es la primera vez que ocurre.
- El perro no se recupera pasada una hora.
- Sospechas que ha ingerido algún tóxico.
Diagnóstico: qué pruebas hace el veterinario
El objetivo del diagnóstico es determinar si la epilepsia es idiopática o tiene una causa subyacente tratable. El proceso habitual incluye:
Analítica completa (hemograma + bioquímica + función hepática + glucosa): descarta causas metabólicas. Es la primera prueba siempre.
Neurología clínica: exploración del sistema nervioso para detectar déficits entre crisis.
Resonancia magnética (RM): necesaria para descartar tumores, malformaciones o inflamación cerebral. No siempre es necesaria desde el primer episodio, pero sí si hay signos neurológicos fuera de la crisis.
Análisis de líquido cefalorraquídeo (LCR): complementario a la RM cuando se sospecha proceso inflamatorio.
Tratamiento de la epilepsia en perros
La epilepsia canina raramente se cura, pero se puede controlar bien con medicación. El objetivo no es eliminar todas las crisis —eso no siempre es posible— sino reducir su frecuencia e intensidad para que el perro tenga calidad de vida.
Los fármacos antiepilépticos más utilizados en perros son el fenobarbital y la imepitoína. Ambos requieren controles analíticos periódicos, especialmente el fenobarbital, que puede afectar a la función hepática con el tiempo. No se debe ajustar la dosis ni suspender el tratamiento sin indicación veterinaria: la retirada brusca puede desencadenar una crisis grave.
El tratamiento no se inicia tras un único episodio aislado. Se considera si las crisis se repiten con frecuencia, si son graves o si hay crisis en racimo. Esa decisión la toma el veterinario valorando cada caso.
Vida cotidiana con un perro epiléptico
Un perro con epilepsia bien controlada puede llevar una vida completamente normal. Algunas recomendaciones prácticas:
- Lleva un diario de crisis: fecha, duración, intensidad, hora del día. Ese registro es la herramienta más útil para el veterinario en los controles.
- Mantén los horarios de medicación: la irregularidad en la administración puede desencadenar crisis.
- Evita el exceso de estímulos en perros con crisis frecuentes: ruidos fuertes, luces estroboscópicas, situaciones de estrés intenso pueden actuar como desencadenantes en algunos casos.
- No le dejes solo cerca del agua (piscinas, estanques) si tiene crisis frecuentes no controladas.
- Infórma a quien cuide al perro en tu ausencia del protocolo de crisis.
Nuestra Guía del Perro con Enfermedad Crónica incluye una ficha de seguimiento de crisis imprimible, además de un capítulo dedicado a la epilepsia con pautas de medicación día a día.
Si tu perro ha tenido una crisis convulsiva por primera vez, la prioridad es acudir al veterinario para iniciar el proceso diagnóstico. Cuanto antes se establezca si hay una causa tratable, mejor el pronóstico. Y si ya tiene diagnóstico de epilepsia, el objetivo es encontrar el equilibrio entre control de crisis y calidad de vida —y ese equilibrio, con el seguimiento adecuado, es alcanzable para la mayoría de los perros.
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